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martes, 31 de enero de 2012

La curiosa distinción entre el ser y el estar


To be or not to be: that is the question... nos planteaba Shakespeare. Y es que tenía que ser él, porque si a su compañero de nacimiento en casi 2000 kilómetros de distancia le hubiera dado por desarrollar el concepto, hubiera podido dudar al escribir "ser o no ser" entre "estar o no ser", o "ser o no estar"... Tal confusión pudiera haberle ocupado demasiadas disquisiciones, demasiadas horas y, tal vez, solo tal vez, no nos hubiera regalado a un magnífico Quijote.
Esta reflexión me lleva a pensar que...
... tal vez estemos en un error cuando pensamos que optar con tal distinción en nuestro vocabulario y lenguaje nos otorga una ventaja. Lo cierto es que siempre he defendido esta postura.

Sin embargo, ahora le doy la vuelta a la cuestión y me planteo si no es más acertado tener el ser y el estar juntos. ¿Por qué distinguir estos estados?

¿Cómo se llega a ser? Tal vez, estando en continuidad en el ser. Es decir, en el presente, donde el ser debe estar.

Por el contrario, al empeñarnos en separar este matrimonio de palabras, nos centramos en el resultado de la acción en una actitud proyectista que quiere disfrutar el resultado sin caminar el proceso, sin estar en cada momento del viaje.

Y es entonces, cuando tratamos de separar esta feliz pareja, cuando el hijo, esto es, nosotros, no alcanzamos el ser por no saber estar.



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